Allá por septiembre de 1987 el grupo Post-Guay organizó una de sus convivencias en el Balneario de Valdelateja. Sí, sí… ese balneario que actualmente está rehabilitado y tiene “spa”, solarium, piscina, etc. Pero que en aquel entonces estaba semi-abandonado y que nos fue cedido porque pertenecía a los Paules.
Se apuntaron bastantes chavales y algunos monitores como Javi Cubillo… Bueno, más bien monitoras: Casilda, Cristina Lozano, Yolanda, todas ellas muy experimentadas sobre todo en marchas y caminatas.
El lugar es precioso, está a orillas del río Rudrón y muy cerca del cañón del Ebro. Me acuerdo que había piscina “climatizada” (aguas termales) y que nos bañamos, creo que Dios nos protegía pues el agua en vez de azul era verde y no pasaba nada.
| Covanera - Pozo Azul |
Aquel día nos levantamos prontito, desayunamos y preparamos los bocatas, el agua y las mochilas para una marcha que partiendo del pueblo de Valdelateja acabaría en Pesquera. En total unos 17 Km, ida y vuelta, por unos parajes de gran belleza y que en principio no presentaban gran dificultad. Si alguien quiere más información sobre la ruta os recomiendo este blog de la web: tierrasdeburgos.blogspot.com.
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| "A la derecha, siempre a la derecha... y obedecimos" ¡De ahí nos viene!... |
Así lo hicimos, pero ocurrió que al llegar a la central el puente no estaba en condiciones, sólo quedaban los pilares. Decidimos pues continuar por la misma orilla, la derecha, por supuesto. Poco a poco el camino dejó de estar marcado hasta convertirse en sendero y hasta desaparecer y ser comido por la maleza. Paramos a comer y beber algo pues el calor apretaba y Pesquera no aparecía. Continuamos caminando con dificultad pues la maleza se convertía en arbustos espinosos y cada vez más altos, que los chavales que iban en cabeza trataban de cortar para ir abriendo paso al resto. El tiempo pasaba, el calor era fuerte y la sed también, el cansancio se acumulaba y el avance era cada vez más lento. Llegamos a un punto en el que teníamos el Ebro a un lado, en frente una pared rocosa y vertical y atrás un montón de horas y un camino inexistente.
| Angustiados, sedientos, indecisos, serios, muy muy cansados... En definitiva ¡¡PERDIDOS!! |
Lo peor fue cuando las monitoras empezaron a discutir sobre qué hacer, cada una tenía una opinión diferente, se gritaban entre ellas. Estábamos perdidos sin estarlo, pues sabíamos que en el siguiente recodo del río estaba Pesquera pero ¿cómo llegar? La tensión aumentaba, los nervios estaban a flor de piel, algunos chavales lloraban, otros rezaban… Hubo quien se imaginó siendo rescatado por la guardia civil. Los ánimos y las fuerzas de la mayoría estaban por los suelos.
Varios chavales decidieron ir a buscar algún otro camino que nos sacara de aquel atolladero. Poco después vinieron diciendo que se podía subir la pared rocosa por una especie de grieta. Así lo hicimos y una vez arriba pudimos ver, entre abrazos y lágrimas de alegría, el camino que por la parte de arriba del cañón lleva a Pesquera pasando por Cortiguera. Poco después, divisando ya las casas de Pesquera, encontramos un manantial en la roca al que habían puesto una teja para poder beber. ¡Qué sed teníamos! Chupamos de la teja uno a uno para poder mojarnos los labios con un poco de agua.
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| Pesquera - Son las 5 de la tarde... ¡¡¡ VIVEN !!! |
Llegados al pueblo nos lanzamos al pilón, teníamos las piernas y los brazos llenos de arañazos. Algún lugareño nos preguntó de dónde veníamos y cuando le contamos la aventura, nos aseguró que la senda que habíamos seguido estaba cerrada hacía muchos años, pues las vacas y los carros ya no pasaban por ella.
Decidimos regresar por la carretera, íbamos caminando en fila india y estaba anocheciendo. Un apiadado panadero que circulaba por aquella carretera se ofreció para acercar a unos cuantos, los más deteriorados. El resto aguantamos como pudimos los kilómetros que nos separaban de Valdelateja. Puede parecer raro pero yo tuve alucinaciones. De repente me paraba y movía los brazos hacia los lados como quitando ramas. ¡No había ramas!, estábamos caminando por la orilla de la carretera. Creo que le pasó a más gente, era el efecto de las horas que estuvimos caminando bajo el sol abriéndonos paso entre la maleza.
Llegamos al balneario agotados pero, gracias a Dios, sanos y salvos todos.
¿Alguno de los que vivimos aquella aventura ha podido olvidarla? Yo no.Yolanda

