EL PAPEL-MONEDA… O LOS “DINEROS” DEL POST-GUAY
¿Cómo podían los animosos y los abnegados chavales obtener algo de dinero para sus gastos y además para ayudar modestamente a aquéllos para los que incluso ese pequeño empujoncito era un gran alivio? ¿Y cómo conseguirlo haciendo algo, no pidiéndolo sin más, buscando la forma de autofinanciarse?
Veamos.
¿Ya estamos ubicados?
Bueno, pues en este contexto nos preguntamos en aquel momento algo tan sencillo como lo siguiente: ¿Qué sucede con el papel cuando lo tiramos? Que se destruye. Y sin embargo hay chatarreros que lo compran. Y lo compran para a su vez revenderlo a plantas de reciclado.
Es decir: si creamos una pequeña estructura con la que conseguimos vender mucho papel, obtenemos dinero y de paso, salvamos arbolitos, y arbolitos (de esos que nos gusta tanto ver cuando vamos a Cornejo, o a la Ruta del Cares, o a Orbaneja del Castillo), todo en el mismo lote. Eso sí, necesitamos mucho papel porque a 2 pesetas el kilo, hacemos poco negocio.

Hasta aquí habíamos demostrado inquietud e iniciativa, pero debíamos añadir nuestra capacidad de organizarnos, de asumir una pequeña obligación, de comprometernos a acercarnos cada viernes a las 20.00, antes de la reunión semanal, a retirarlo y de entregarlo al camión que viniese a recogerlo (para esto era necesario que acudiésemos unos cuantos hasta formar una cadena humana y finalizar el trabajo con mayor rapidez, y de paso hablar…). Debíamos hacer que el proyecto fuese una realidad, algo vivo… Y lo hicimos.
Cumplimos nuestra parte, gracias a la colaboración de todos.
Y conseguimos que funcionara, obtuvimos nuestro dinero, escrupulosamente contabilizado y con las cuentas disponibles para todo aquél que desease comprobarlas (pobres pero honrados). Pero de esto, ya os hablarán otros con mayor detalle. Y no nos olvidamos nunca de aquéllos que lo necesitaban más que nosotros, evidentemente costeábamos los materiales que empleábamos en nuestras actividades, pero nunca perdimos de vista el apoyo solidario como uno de los fundamentos inspiradores del proyecto.
Pablo Vara
Uf, ¡qué tardes aquellas cuando habia que cargar el camión a las 3:30h, recien comidos o sin comer porque no había dado tiempo al salir de clase o del trabajo (esto último algún monitor)! A principio las retiradas del papel de la iglesia fueron semanales, los viernes, pero llegó a haber tal volumen que pusimos otra los martes y al final el compromiso era que en cualquierm momento que pasaramos por la parroquia retirásemos el papel que hubiera..., y la iglesia estaba limpia ¡más nos valía! Como bien apunta Pablo el cómo se gastaron aquellos dineros forma parte de otro capítulo de la historia que esperamos leer en breve.
ResponderEliminarCasilda
Soy Javi:
ResponderEliminarTenemos que reconocer que en la tarea de recogida de papel destaca una palabra: RESPONSABILIDAD. Creo que todos fuisteis fieles al compromiso adquirido.
Del espacio en el que almacenábamos el papel, mejor no hablar... por si la retroactividad en temas de seguridad funcionara también en esto.
Recuerdo que durante un tiempo nosotros recogíamos el papel, la empresa se lo llevaba en un camión, lo pesaban y, al cabo de un tiempo, le entregaban un sobre a D. Fermín o a D. Santos que nos lo pasaban inmediatamente a nosotros. Alguna razón habría para que decidiéramos estar presentes a la hora pesar el papel. Si la SOLIDARIDAD era el destino del 90% de lo obtenido, había que controlar los procesos.
Gracias Pablo por este artículo.
soy Poter:
ResponderEliminarque buen articulo y que memoria.
Pablo, te agradezco la fe que tienes en mi al compararme con Casillas, y si un dia jugamos un partido, prometo no decepcionarte, usaré cachaba y todo para parar los balones.
A ver si nos vemos el 22-O por aquí, animo que un esfuerzo merecerá la pena.
un abrazote chaval,
Poter
Lo que más recuerdo de lo del papel era la oportunidad de charlar, de vernos, de cansarnos un rato juntos, de echarnos unas risas ojeando las revistas, comics... "este me lo guardo pa mí"... y claro se nos iban las horas, pero ¿dónde mejor las íbamos a emplear?
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